Las 7 leyes del maestro

Ley 1: La ley del Maestro

Conozca clara y familiarmente aquello que desea transmitir, hacia delante y hacia atrás.

El conocimiento le permitirá  ser entusiasta y estar preparado.

 

I. LA LEY DEL MAESTRO

El Dr. Gregory dice: “El buen carácter y las cualidades morales elevadas son deseables en el maestro; si no por su trabajo, al menos para evitar el daño del mal ejemplo.

Pero si uno por uno, fuéramos descartando de nuestro catálogo de cualidades deseables, aquellas que no son indispensables, nos encontraríamos obligados a retener al final, como necesaria para toda enseñanza, el conocimiento de la materia que se ha de enseñar”.  La primera ley y la más importante es: “EL MAESTRO DEBE SABER LO QUE ENSEÑA”.

En la enseñanza laica es de gran importancia el conocimiento de la materia, que llega a ser el corazón mismo de la preparación.  El conocimiento es la materia prima con que el maestro trabaja, por lo tanto ha de ser completo.  El conocimiento incompleto se reflejará en la enseñanza incompleta.  Lo que el hombre no sabe no puede enseñar con buen éxito.

La señorita L. Flora Plummer dice: “En nuestro estudio de las Escrituras debemos procurar ser cabales.  Debemos excavar hasta muy hondo; las mejores joyas no se hallan en la superficie.  La exactitud es necesaria siempre.  Los libros del contable deben ser exactos al centavo.  Las junturas del carpintero no cumplen su propósito si no calzan con exactitud.  Cada lección que se domina a fondo da mayores fuerzas para la siguiente, pero una lección tratada superficialmente nos debilita para las futuras”.

El maestro debe saber más de lo que ha de enseñar.  No basta saber lo suficiente para llenar el tiempo.  Para lograr un perfecto dominio de la lección, se requiere estudio tesonero e investigación amplia.  A diferencia del predicador, el maestro debe estar suficientemente bien informado sobre el tema para contestar cualquier pregunta que los alumnos quieran hacerle.  El maestro que realmente domina su materia puede observar el efecto de sus palabras sobre los niños y dirigir sus pensamientos con facilidad y soltura.

LEY DEL MAESTRO
La verdadera enseñanza sólo puede provenir de una vida plena y en crecimiento. Si los maestros no están creciendo en conocimiento y en sabiduría espiritual, su habilidad para enseñar pronto entrará en cortocircuito.

 

Ley 2: La ley del discípulo
Gane y mantenga la atención y el interés de las personas en el contenido de la enseñanza. No trate de transmitir si no hay atención.

Los mejores entrenadores saben que el entendimiento mutuo con la audiencia es esencial para el éxito.

Mantener el interés de los entrenados requiere interacción, técnicas de presentación variadas e información relevante para sus necesidades.

 

II. LA LEY DEL DISCIPULO

Mucho antes que Spurgeon llegara a ser el famoso predicador londinense, había adquirido renombre como obrero entre los niños.  En sus instrucciones a los maestros él dice: “Obtenga la atención de los niños.  Si ellos no escuchan, el maestro hablará, pero hablará en vano.  Si los niños no entienden, la enseñanza será una labor pesada y vacía de sentido tanto para usted como para los alumnos”.  Este consejo está de acuerdo con la segunda ley de la pedagogía:  EL ALUMNO DEBE ATENDER CON INTERÉS LA LECCIÓN QUE HA DE APRENDER.

El Dr. A. H. Mckinney dice: “Al prepararse para enfrentarse a su clase el domingo, el maestro que interesa a los alumnos se prepara con oración para cumplir con tres propósitos.  Su primer esfuerzo será conseguir la atención de los niños.

Luego se esfuerza por retener esa atención durante toda su clase.

Su tarea más difícil es convertir esa atención en interés”.

A. ATENCIÓN
Hay tres clases de atención:

  1. ATENCIÓN INVOLUNTARIA   Esta atención es inconsistente y sujeta a cualquier distracción que surja.  La mente no está fijada en la lección lo suficiente para evitar que el oído o la vista se distraiga por cualquier influencia extraña.
  2. VOLUNTARIA   La atención puede ser obligada por medidas disciplinarias o apelando a la fuerza de voluntad del alumno.  En la escuela dominical, raras veces es posible o deseable disciplinar a los niños para conseguir su atención, por lo cual este método es poco práctico.
  3. SOSTENIDA O ESPONTÁNEA   Los alumnos aprenden más prestamente cuando están tan absortos en la lección que olvidan lo que ocurre a su alrededor.  Fascinar a los niños por medio de una lección interesante es por lo tanto lo más deseable.

B. INTERÉS
La atención espontánea depende del interés.  Es fácil ganar y retener la atención del niño interesado.  Una orden o un rápido juego de manos podrá atraer la atención del niño por un momento, pero únicamente el interés verdadero podrá retenerla.

Como dice el Dr. Goodrich C. White: “Debemos encontrar la manera de dar a los niños algo que hacer que nos parece a nosotros que vale la pena, y que a ellos les parezca de tanto valor que ocupará completamente su mente excluyendo todo otro asunto”.

La habilidad de interesar dependerá de:

  1. Descubrir el nivel de pensamiento del niño.
  2. Defenderle de las distracciones externas.
  3. Proveer una lección que se adapte a la capacidad del alumno.
  4. Proveer para la cooperación del alumno en la lección.

LA LEY DE LA EDUCACIÓN
La tarea primaria del maestro es estimular y motivar, dirigir la atención de la clase.

La tarea del estudiante es investigar, descubrir y avanzar con ahínco.

La mayoría de nosotros hemos sido instruidos por medio del método de la disertación y no por el método de la investigación.

Enseñe a la gente a pensar
Aprenda a aprovechar los momentos favorables para la enseñanza. Es en esos momentos cuando los alumnos que tienen inquietudes hacen buenas preguntas o establecen una premisa interesante.
Enseña a la gente a aprender
Ayude a sus alumnos a dedicar más tiempo a cuestionar respuestas que a responder preguntas. El hecho de desafiar el pensamiento no conduce necesariamente a la heterodoxia o herejía sino que contribuye a formar cristianos mejor informados.
Enseñe a la gente a trabajar
Cuando los alumnos salen de la clase con interrogantes acerca de los cuales pensar y hablar, y con problemas para resolver, el maestro ha cumplido exitosamente su misión.

LA MOTIVACIÓN
El estudiante debe ser adecuadamente motivado. Las personas llegan a estar adecuadamente motivadas cuando el maestro estructura una correcta experiencia de entrenamiento que consta de 4 etapas:

(a) “Yo hago y tú observas”

(b) “Tu y yo lo hacemos juntos”

(c) “Tú lo haces y yo observo”

(d) “Tú lo haces”.

 

Ley 3: La Ley del Lenguaje

Use términos con el mismo contenido significativo para usted y para los participantes. Usar un lenguaje común es muy importante.

Los buenos entrenadores evitan la jerga y las siglas que pueden no ser familiares para todos. Usar imágenes y elementos visuales para ilustrar cada punto puede mejorar la unidad de comprensión. Y siempre hágalo de manera simple!!!

 

III. LA LEY DEL LENGUAJE

La tercera ley: EL LENGUAJE USADO EN LA ENSEÑANZA DEBE SER COMÚN AL MAESTRO Y AL ALUMNO.

El maestro podrá tener un vocabulario más amplio que el alumno, pero deberá recordarse que solamente mientras el primero limite su lenguaje al vocabulario del segundo, serán comprendidas sus lecciones por éste.  El lenguaje a emplearse necesariamente será diferente en cada clase según la edad de los niños.

Con este fin se le hacen al maestro las siguientes sugerencias:

  1. Estudie constantemente el lenguaje que usan los niños
  2. En lo posible, se exprese en el vocabulario de los mismos niños.
  3. Use las palabras más sencillas y el menor número de ellas que expresen su propósito.
  4. Use oraciones cortas de construcción sencilla.
  5. Explique por medio de ilustraciones el significado de las palabras nuevas.
  6. Compruebe frecuentemente la comprensión de los niños del lenguaje que usa.

 LA COMUNICACIÓN
La comunicación consiste en construir puentes de entendimiento entre usted y los demás. Juan 4 registra el hecho de que Jesús procuró inmediatamente establecer un terreno común (la sed) entre él y su mal dispuesta alumna (Juan 4:7).

 

Ley 4: La Ley de la Lección

Comience con aquellos elementos del tema que ya son bien conocidos para los presentes y proceda con el material nuevo en pasos simples, pequeños y naturales.

Los entrenadores experimentados comprenden la importancia de unir nueva información con aquello que la audiencia ya conoce.

Ayúdelos a ver las formas en las que el nuevo contenido se aplicará a sus experiencias de vida y futuros desafíos.

 

IV. LA LEY DE LA LECCIÓN

Esta ley, que concierne directamente a la lección o verdad a enseñarse, es fundamental para toda pedagogía.  Puede enunciarse así: LA VERDAD A ENSEÑARSE DEBE SER APRENDIDA POR MEDIO DE LA VERDAD YA CONOCIDA.

Toda enseñanza deberá empezar en algún punto conocido de la lección.  Si el tema es completamente nuevo deberá buscarse algún punto de partida a fin de que lo nuevo se comprenda mediante la comparación con algo conocido y familiar.  Esta ley de asociación o contacto es fundamental en toda enseñanza y básica en el desarrollo mental.  Lo nuevo puede ser conocido solamente en relación con lo que ya se conoce.

El Señor Jesús fue un verdadero maestro en el arte.  Sus oyentes conocían bien el Antiguo Testamento.  Por esta razón edificaba verdades nuevas sobre los hechos ya conocidos.

Para cumplir la ley del contenido, el maestro debe:

  1. Hacer una conexión con lecciones anteriores.  Cada repaso es en realidad una demostración de la ley enunciada, y aquellos que ejecuten fielmente los repasos son los que mejor la cumplen.
  2. Proceder por pasos graduales.  El alumno debe dominar plenamente cada paso antes de tomar uno nuevo.  Cada nueva idea que se  asimila, se hace parte del conocimiento del alumno y sirve como punto de partida para un nuevo avance.

 

Iluminar por medio de ilustraciones.  Las ilustraciones no es más que volver a terreno conocido.  Cuando el avance es más rápido que lo que la mente puede seguir, una retirada a terreno familiar permite que la comprensión rezagada le dé alcance.

Ley 5: La Ley del Proceso de Enseñanza

Enseñar es estimular. En consecuencia, estimule la mente de sus alumnos para actuar.

Una técnica de entrenamiento absolutamente beneficiosa es focalizarse en el auto-aprendizaje y el descubrimiento.

Llevar luego esos tópicos a la vida y el hogar de cada uno de los participantes hará del aprendizaje una actividad con sentido.

 

EXCITAR Y DIRIGIR LA AUTO-ACTIVIDAD DEL ALUMNO Y COMO REGLA GENERAL NO DECIRLE NADA QUE ÉL PUEDA DESCUBRIR POR SÍ MISMO.

En realidad, el gran objeto del maestro es hacer que el niño se convierta en descubridor de la verdad.  El proceso de aprendizaje realmente comienza cuando el alumno se hace investigador

La verdadera enseñanza no es tanto el impartir conocimiento, como el estimular al alumno a obtenerlo por sí mismo.

¿Cómo puede estimularse el pensamiento?  Se darán tres sugerencias para el maestro:

  1. Proveer material para el aprendizaje. La actividad de la mente se limita casi exclusivamente al campo de los conocimientos ya adquiridos.  El alumno que no sabe nada no puede pensar, porque no tiene de qué pensar.  Para poder comparar, criticar, juzgar y razonar, la mente necesariamente trabajará sobre el material que posee.  Por esta razón es preciso que primero se dote a la mente del alumno con las verdades que servirán como base de su pensamiento.

 

  1. Hacer preguntas. El estímulo más importante usado por la naturaleza para despertar la mente, lo son las preguntas incesantes que el mundo y el universo dirigen al hombre.  El objeto o suceso que no excita ningún interrogante, no provocará ningún pensamiento.  Preguntar no es por lo tanto uno de los recursos de la enseñanza, sino que es toda la enseñanza.  Es excitar la auto-actividad de parte del alumno en el descubrimiento de la verdad.  Hacer una pregunta es poner en marcha el engranaje mental del alumno.

 

  1. Provocar a preguntas.  Aun más importante que hacer preguntas es el provocar o despertar el interés por la propia investigación.  En realidad el proceso educacional comienza solamente cuando el alumno empieza a hacer preguntas.  Las eternas preguntas de la niñez tienen su eco en la mente del adulto que lucha por resolver los problemas del universo.  La manzana que caía traía en sí la pregunta de la gravedad que despertó la curiosidad de Newton, y la caldera en pleno hervor sugirió a Watt el problema de la máquina de vapor.  La pregunta del alumno es un índice no sólo de su mente sino de sí mismo.  Su pregunta es una manifestación de su propia comprensión e investigación.  Al fomentar las preguntas del alumno, el maestro estimula en él tanto el anhelo natural de saber, como el deseo natural de auto-expresión.

Ley 6: La Ley del Proceso de Aprendizaje

Requiere del participante revisar internamente aquello que ha aprendido, en sus variadas fases y aplicaciones hasta poder expresarlo en sus propias palabras.

El verdadero aprendizaje proviene del hacer, no tan solo del escuchar.

Use role-playing, interacción y ejercicios prácticos para estimular acciones futuras con el material presentado. Las personas que pueden hacer esto en el entrenamiento se sentirán más cómodas para hacer lo mismo en la vida real

 

VI. LA LEY DEL PROCESO DE APRENDIZAJE

Hemos visto que el trabajo del maestro consiste en gran parte en despertar y guiar la auto-actividad de los alumnos.  Ahora debemos ocuparnos de la forma en que el alumno responde a los esfuerzos del maestro.  El proceso de aprendizaje implica mucho más que manifestar interés y prestar atención.  Hay un acto o proceso claro y definido que el alumno debe realizar.  Este acto o proceso consiste en formar en su propia mente, por sus propias fuerzas, un concepto verdadero de los hechos o principios de la lección.

Esta ley del proceso de aprendizaje puede ser enunciada así: EL ALUMNO DEBE REPRODUCIR EN SU PROPIA MENTE LA VERDAD QUE HA DE APRENDER, Y LUEGO EXPRESARLA EN SUS PROPIAS PALABRAS.

Hay tres pasos o grados distintos en el aprendizaje, cada uno de los cuales lleva al alumno un poco más adelante en el dominio de la lección.

  1. REPRODUCCIÓN.  Es posible reproducir las palabras exactas de una lección aprendiéndola de memoria.  Esto es lo más que procuran algunos alumnos o que exigen algunos maestros que tienen un pobre concepto de lo mucho que encierra el proceso de aprendizaje.  Si el alumno no comprende lo que ha aprendido de memoria, aparte de la disciplina mental, no podemos decir que posee la lección.  Un hombre puede comprar un libro y colocarlo en su biblioteca, y sin embargo, no hacer de él uso alguno.

 

  1. INTERROGACIÓN.  Hay un notable adelante en el proceso de aprendizaje cuando el alumno puede dar algo más que las palabras o los hechos que ha aprendido.  Cuando puede expresar su propia opinión sobre estos hechos, se puede decir que ha logrado no sólo entender lo que le ha sido enseñado, sino que ha aprendido a manejar no solamente los pensamientos de otros, sino también los propios.  Es muy común entre los maestros la falta de insistencia de que el alumno piense por sí mismo.  Al hacer preguntas, un buen maestro empleará las palabras “por qué”, hasta que el alumno comprenda que debe tener una opinión propia en el asunto.

 

  1. APLICACIÓN.  La educación no es la adquisición del conocimiento sino su uso, y ninguna lección se ha aprendido plenamente hasta que se haga algún esfuerzo por aplicarla a la vida diaria.  El alumno que encuentra un uso para lo que ha aprendido en su lección, tendrá un interés doble en ella.  Lo que antes era un mero conocimiento, llega a ser sabiduría práctica.  El saber es poder solamente cuando se le conquista, se subyuga y se pone a trabajar.  Mientras que expresar un opinión no ejercita sino la mente, aplicar el conocimiento afecta la voluntad y a la vida misma del alumno.  La aplicación práctica demasiado a menudo se descuida.  Muchos alumnos de la Escuela Dominical están “siempre aprendiendo, pero nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” porque no hay aplicación personal de la lección a su propia vida.



Ley 7: La Ley del Repaso y la Aplicación
Revisar, revisar y revisar, profundizando su impresión con nuevos pensamientos, uniendo todo con significados adicionales, encontrando nuevas aplicaciones, corrigiendo las miradas erróneas y buscando verdades compartidas. Los entrenadores con experiencia ven el valor de la revisión al final de sus presentaciones.

 

VII. LA LEY DEL REPASO Y DE LA APLICACIÓN

Ya nos hemos referido a la importancia de relacionarnos con las lecciones anteriores al comenzar la clase.  Es igualmente necesario que las verdades sobresalientes de la lección del día sean llevadas a la siguiente clase, y que se realicen en las vidas de los alumnos.

La ley del repaso y de la aplicación puede expresarse como sigue: LA TERMINACIÓN, LA PRUEBA, Y LA CONFIRMACIÓN DE LA OBRA DE LA ENSEÑANZA DEBEN HACERSE MEDIANTE EL REPASO Y LA APLICACIÓN.

Hay tres objetivos en el repaso o recapitulación de la lección:

  1. Perfeccionar el conocimiento. Un repaso es más que una repetición.  Una nueva lección o un tema nuevo, no se revela por completo desde el primer momento.  A menudo distrae la atención, y su novedad puede deslumbrar la mente.  Cuando uno mira un cuadro por primera vez, escapan a la observación muchos detalles, que se irán notando al examinarlo más detalladamente.  Al leer un libro por segunda vez, encontramos muchos datos que se nos habían escapado en su primera lectura.  Ningún libro revelará tantos tesoros al ser releído, como la Biblia.  Aun el repaso de pasajes familiares, nunca deja de dar nueva luz o de revelar un nuevo mensaje.

 

  1. Confirmar el conocimiento. La memoria depende de la asociación de ideas.  Cada repaso familiariza y fortalece estas ideas mediante una nueva asociación.  La lección que se estudia una vez, probablemente se olvida, pero la lección que se repasa repetidamente llega a ser parte del caudal de nuestros conocimientos.  No lo que el alumno ha aprendido y aun recitado una vez, sino lo que recuerda permanentemente y usa, es la medida correcta de sus conocimientos.

 

  1. Aplicar el conocimiento. Los repasos frecuentes hacen del conocimiento un lago útil y práctico.  Los textos bíblicos que más nos influencian son aquellos que se han hecho tan familiares que surgen automáticamente en nuestra mente de acuerdo con la ocasión.  Son las verdades que se han hecho familiares con la repetición, las que modelan la conducta y el carácter.  Si queremos que alguna gran verdad nos sostenga y nos guíe, debemos volver a ella hasta que el hábito la haya fijado en nuestras vidas.  El sistema bíblico “precepto sobre precepto” reconoce esta verdad.

En conclusión, es bueno señalar que el repaso no es una mejora más en la enseñanza sino que es una de las condiciones esenciales de la verdadera enseñanza.  No repasarla es dejar la lección a medio terminar.

Aplicando estas siete leyes en nuestra actividad como entrenadores y capacitadores, los participantes aprenderán mejor y podrán aplicar lo que han aprendido.

Y nosotros seremos exitosos produciendo cambios en vidas y organizaciones.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

Teaching to Change Lives (Enseñanza para transformar vida) de Howard G. Hendricks; Multnomah Press, 1987.

“Las Siete Leyes de la Enseñanza” [Seven Laws of Teaching] (Mundo Hispano) John Milton Gregory.

http://www.institutoalma.org/CorazonYVida/Ed3-idx.html

 

(Imagen tomada de: http://cienciaspedreguer.wordpress.com)

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